Puedo sacudirme todo si escribo; mis penas desaparecen, mi coraje renace – Ana Frank
Si escribir en un diario tuvo un efecto tan positivo en una niña viviendo lo que Ana pasó, ¿Qué tanto impacto puede causar en la vida de una persona “normal” del siglo 21?
Como platiqué antes en mi post “Empezando de Cero: Pequeños pasos para llegar más lejos”, en donde comparto rápidamente que mi cabeza es una telaraña de pensamientos y necesito aprender a relajarme y aterrizar mis pensamientos.
Me di a la tarea de buscar formas sencillas de empezar a cuidar más de mí. No tardé casi nada en encontrar el Journaling.
Al pensar en escribir un diario, me imaginaba a una adolescente escribiendo en su libreta rosa con brillitos o una imagen color sepia de un señor bigotón escribiendo en un papel bajo la luz de una vela con letras cursivas.

Estos dos pensamientos ponían mucho peso sobre la decisión de empezar a vaciar mis pensamientos en una libreta, porque los relacionaba con algo ridículo.
Tras pocos minutos de deliberación, concluí que nadie lo va a leer, probablemente ni siquiera yo, así que qué importa, nadie lo va a juzgar. Y si me sirve, no pierdo nada intentando.
Mi hipótesis es sencilla (porque esto es 100% experimental):
Escribir para entender mejor mis emociones y controlar el estrés.
Spoiler: no necesitas ser poeta.
El día que empecé, me encontré sentada en mi cama con una libreta en mis piernas y mi mano congelada sobre ella. No tenía ni idea de qué escribir. Así que ideé un plan sencillísimo para dar el primer paso:
- En las mañanas, al despertar escribí qué pendientes tengo que cumplir hoy.
- En las noches, escribí si logré cumplirlos y cómo me sentí al respecto.
Durante toda una semana, escribí esas cosas facilitas, no me compliqué nada ni profundicé en la creatividad ni palabras rebuscadas que describan mis emociones.
¿Qué descubrí haciendo esto?
- No necesitas ser artista ni talentoso en la escritura.
- Fui dándome cuenta de que al realizar cualquier cosa que haya planteado en la mañana, sentía una satisfacción impresionante, aunque fuera algo súper sencillo. Como hacer una cita en el dentista.
Cuando escribir cambia tu día
Lo más sorprendente para mí, fue que después del tercer día, empecé a escribir en las mañanas, además de mi lista de pendientes, cómo estaba amaneciendo.
Dos días anoté que desperté nerviosa, con una sensación de pesadez en el pecho, que me hizo hacer unos pequeños ajustes a mi rutina:
- Hice yoga en lugar de cardio.
- Un paseo un poco más largo y calmado de lo normal.
- Durante el día me di más momentos para simplemente respirar.
Así de fácil, al escribir el resultado de esos días, ambos anoté que ya no estaba nerviosa, terminé el día con calma.
Puedo concluir que esto demuestra que sí logré reconocer como estaba, y con algo muy práctico que me tomó 2-5 minutos al día.
Como no todo es perfecto y estamos en fechas decembrinas de desajuste de rutina, no he seguido tanto la escritura. La falta de tener el hábito, los compromisos y desvelos me quitaron esos minutitos de auto reflexión.
Está bien, al final, los hábitos se construyen poco a poco y la consistencia que busco es a largo plazo.
Evolución y mejora
Esto no significa que no lo seguiré haciendo, de hecho, mi intención es ajustarlo aún más a mí, para que sea todavía más fácil hacerlo.
En lugar de escribir mañana y noche, me mantendré escribiendo solo en la noche siguiendo estos sencillos pasos:
- Anotar los pendientes del día siguiente.
- Escribir cómo me sentí durante el día realizando esos pendientes.

Seguramente, en un par de semanas, estaré cambiando este proceso y ajustándolo, dependiendo de la evolución que tenga.
Si tuvieras una libreta en frente de ti ¿Qué escribirías?
Prueba seguir estos pasos y cuéntame cómo te fue.

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