“Un lector vive mil vidas antes de morir. Aquel que nunca lee vive solo una”.
George R. R. Martin
No necesito haber leído libros de George para entender que esta frase describe lo que nos ofrecen todos los libros.
Busqué con Grenouille el aroma perfecto, acompañé a Jean Valjean mientras huía de la justicia francesa y escuché a Ana Karenina sufrir por amor.
Tenemos agendas complicadas y tantas distracciones digitales que los libros – o Kindles – terminan acumulando polvo mientras las notificaciones se llevan nuestra atención.

A mis 18, antes de entrar a la universidad, tenía mucho tiempo libre y descubrí la lectura. Empecé con Trono de Cristal por recomendación.
Recuerdo ir a la cocina en la madrugada por un snack, sin sueño, pero con intriga por saber qué va a pasar.
Así fue como la ficción me introdujo poco a poco en el mundo de las palabras. Conociendo personajes elocuentes con vidas aventureras cruzando mapas para cumplir su misión.
Leí, crecí y me identifiqué con personajes que de entrada encontraba aburridos y sosos, como Manon.
De esa época de intensa lectura se quedó en mi mente una frase:
“Las bibliotecas están llenas de ideas, tal vez sea la más peligrosa y poderosa de las armas”
Celaena Sardothien (Sarah J. Maas)
Que, incluso en mi vida adulta, tiene mucho sentido. Leer despierta la empatía, perspectiva e incluso soluciones a problemas que parecen no tener relación.
¿Cómo?
Cuando acompañas a un personaje en su dolor, aprendes empatía. Cuando ves el mundo desde sus ojos, ganas perspectiva. Y cuando lo ves resolver lo imposible, encuentras soluciones que nunca habrías imaginado.
Extraño perderme tanto tiempo en la lectura, pero hoy cada que leo recuerdo que ahí sigue esa intensidad, aunque más pausada.
Ya no solo me enfoco en ficción o fantasía, si me interesa lo suficiente, lo leo.
Y hoy – aunque con mucho esfuerzo – estoy leyendo El infinito en un junco, de Irene Vallejo, en donde nos cuenta la historia de los libros y la trascendencia de la palabra escrita.

“Toda biblioteca es un viaje; todo libro es un pasaporte sin caducidad”
Irene Vallejo
Tomar tiempo para sentarnos a leer es un privilegio ignorado, nos enfocamos tanto en el trabajo, nuestras vidas y el exceso de entretenimiento que nos rodea, que dejamos de lado los libros.
Honestamente no le piden nada a una película, un libro no solo se lee, creas en tu mente un universo nuevo que puedes ver y sentir, te encariñas más con lo que estás leyendo, porque estás invirtiendo más de ti, al imaginar y darle vida a las letras impresas en papel.
Olvidamos que lo mejor que tenemos para aprender, distraernos, centrarnos, está probablemente acomodado en una repisa de nuestras casas.
Ojalá estas palabras te den ganas de tomar ese libro, preparar un té y desaparecer un rato en las letras.
“El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho”
Miguel de Cervantes

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