Mi experiencia en la Sala Gastronómica del Museo Nacional de Antropología CDMX.

Después de recorrer el Museo de Antropología (que ya les conté en el post anterior), cerramos la visita en la Sala Gastronómica, el restaurante poco conocido del Museo. 

Llegamos con reservación a las 4PM, porque como en todas las relaciones, hay uno que organiza – mi esposo –, y una que va…yo.  

Inmediatamente nos sentaron en la mesa, en lo que nos entregaban menú me puse a curiosear, y puedo decir que el lugar está muy agradable, estuvimos en terraza, bajo sombrillas que nos cubrían de la lluvia ligera, rodeados de árboles. No es lo que uno suele pensar del corazón de la Ciudad de México. 

Cuando recibimos el menú, me di cuenta de que estaba organizado por regiones del país, cada una tenía una lista de platillos, sin mencionar si era entrada o plato fuerte…o cualquier otra cosa.  

Así que, para evitar confusiones, optamos por probar el menú de degustación, incluye siete tiempos: uno de bienvenida – que no es realmente un platillo –, dos entradas, cuatro platos fuertes y un postre.  

El menú de Degustación

Bienvenida 

Un poco de piña asada para limpiar el paladar entre platillos, chicatanas y chapulines. Probé todo, aunque los insectos no son lo mío. 

Entradas  

Comimos unos elotitos tatemados y un molote de plátano macho relleno de queso Oaxaca en una cama de frijoles con mole negro oaxaqueño. Fue uno de mis favoritos, pero no el ganador.  

Platos fuertes 

Abrimos la sección con un pequeño sope de conejo con un gusanito de maguey arriba ¿rico? Sí. Luego trajeron un robalo en una cama de coco con vainilla, este no me convenció, me recordó más a un bronceador que a un plato fuerte, muy Hawaiian Tropic.  

Después de este platillo trajeron lo que se llevó el oro, un medallón de filete en huaxmole (básicamente un mole poblano sin chocolate): exquisito y la carne, suavísima. Cerramos los platos fuertes con un pollo en mole rosa.  

Postre 

¿Qué puedo decir del postre? ¡Completamente inesperado! Una tarta de tomate caramelizado con helado de nopal. Dulce, fresco y sorprendente: jamás pensé que me gustaría tanto. 

Coctelería 

Todos estos platillos vienen acompañados de distintos mezcales de la marca Amarás, yo no los probé (no son lo mío), pero mi esposo asegura que el Amarás Americana fue el mejor. 

A mí me sugirieron que pidiera coctelería, para acompañar mi comida, empecé con un tequila con frutos rojos, luego un ron con maracuyá y mango, y cerré con un carajillo. El de ron fue mi favorito: fresco, suave y nada dulce. 

En conclusión, todavía pienso en ese medallón de filete. El molote de plátano también me sorprendió. El róbalo, en cambio, no era para mí: la vainilla y el coco no son sabores que disfrute en un plato fuerte. 

La Sala Gastronómica es el cierre perfecto para una visita al museo: primero viajas por la historia de México y luego por sus sabores 

¿Te animarías a probarlo?


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One response to “Mi experiencia en la Sala Gastronómica del Museo Nacional de Antropología CDMX.”

  1. jmrrt1992 Avatar

    La verdad que sí es una gran experiencia comer en Sala Gastronómica, y leyendo tu publicación dan ganas de regresar y probar más platillos y más mezcal!

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