¿Quién no prefiere pasar un viernes en pareja visitando un museo a estar trabajando? Yo, como todos, quiero despejarme a veces, así que decidí darme una vuelta con mi esposo por el Museo de Antropología de la Ciudad de México.
Comenzamos caminando por Reforma, pasando por monumentos y edificios icónicos como el Ángel de la Independencia y el St. Regis. El recorrido fue muy agradable: lleno de árboles y esculturas, y desde ahí entramos al Bosque de Chapultepec hasta llegar al museo.

La entrada fue rapidísima, y los boletos costaron apenas $100 MXN por persona.
Entrando se ve el patio central, donde se encuentra el paraguas –aunque justo le estaban dando mantenimiento y no lucía mucho- y el espejo de agua que se veía tan bonito como la última vez que fui (hace como 10 años, así que ya no cuenta).

El primer error vino al distraernos con el espejo de agua. Lo recorrimos hasta el final y entramos a la primera sala que vimos: la de los Toltecas. Si bien es muy interesante, sentimos que nos faltaba algo. Al preguntar, descubrimos que nos saltamos unas cuantas salas, así que decidimos regresar.
Ahora sí, comenzamos con la Introducción a la Antropología, donde se explica la evolución del ser humano y las migraciones que poblaron América.
Después de eso empiezan las secciones dedicadas a los antiguos asentamientos de lo que hoy es México. Siguiendo el orden, llegamos a la sala de Teotihuacán, que para mí es la más bonita: tiene maquetas de la ciudad, réplicas y mucha información sobre sus habitantes y su forma de vida.

Poco después llegamos a la sala con la pieza más famosa del Museo, la sala Mexica con el imponente Calendario Azteca. A pesar de lo impresionante que es, no atrapó mis ojos tanto como el gran colorido de la sala de Teotihuacán.

Me hubiera encantado recorrer todas las salas –como la de la cultura maya, que me quedé con ganas de ver-, pero el tiempo no nos alcanzó. Teníamos reservación en la Sala Gastronómica, donde probamos exquisitos platillos de distintas regiones del país. ¡Se viene review del restaurante!

Así que ya sabes: si buscas un plan de viernes que combine cultura, historia y hasta buena comida, el Museo de Antropología es la opción perfecta. Créeme, vale mucho la pena pedirle el día a tu jefe y hacer algo diferente a quedarte en la oficina contando horas.

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