En marzo 2020 me sacaron de la oficina con computadora y pantalla en brazos para comenzar una cuarentena que terminó durando mucho más de lo que imaginábamos, llegué a mi casa a instalarme en el comedor para empezar a trabajar.
Al inicio, como para muchos, la carga de trabajo no era tan alta, todos esperábamos regresar en un par de semanas, pero ¡oh sorpresa! lo que parecía descanso se convirtió en una sobrecarga, y la empresa para la que trabajaba comenzó a presionar con entregas, problemas y proyectos nuevos, ya que al igual que muchas otras empresas, no había una estructura definida para el trabajo 100% remoto.
Agarré un ritmo de “yo resuelvo todo” y mis horarios se comenzaron a difuminar y mis horas de comida y descanso a desaparecer. Yo era la típica que contestaba sin importar la hora, si estaba trabajando y recibía una solicitud nueva o alguien me pedía ayuda, yo lo atendía. Así, poco a poco, le abrí la puerta al burnout.

Rápidamente empecé a sentir frustración. Mi carga de trabajo crecía y yo todavía no aprendía a decir “hoy ya no, hasta mañana”. Al ir a dormir, mi mente seguía trabajando: repasaba pendientes, imaginaba problemas y el descanso nunca llegaba. Las migrañas se hicieron más frecuentes, dejé de salir, casi no hablaba con nadie, y la apatía se volvió mi compañera durante el trabajo.
Cuando iba a la oficina y me sentía estresada decía en tono bromista “me voy a esconder abajo del escritorio”, pero trabajando desde casa la sensación era más parecida a un “ya no tengo donde esconderme, estoy en mi casa”, y fue entonces cuando me di cuenta de que algo tenía que cambiar.
Decidí cambiar mi actitud, ya no era productiva, así que…
“Para trabajar bien, yo tengo que estar bien”
Hice varios cambios que hoy en día mantengo para teletrabajar exitosamente:
- A seguir horarios con un poco de flexibilidad.
- Respetar la hora de la comida y comer bien, sin la computadora frente a mí.
- Priorizar actividades, si todo es urgente realmente nada es tan importante.
- Poner límites, aprender a decir no.
- Tener una vida social saludable, llamar a mis amigas, salir a tomar un café.
- Caminar diario para salir de mi casa y realmente despejarme.
- Pedir ayuda cuando sienta una carga de trabajo elevada, para mí, esto es lo más difícil, aún 5 años después.
Con el tiempo entendí que el burnout no se combate solo cuando llega, sino que se previene todos los días con hábitos y límites claros. Estas son las estrategias que me han funcionado, pero sé que cada historia es distinta. ¿Qué haces tú para cuidar tu energía trabajando desde casa? ¿Has vivido un burnout y cómo lo superaste? Me encantaría leer tus experiencias y aprender de ellas

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